
Rostro imaginario del posible perfil de Jesucristo, conocido como "Hijo de Dios" (es una pintura de un artista plastico).
JESUS DE NAZARET NO FUNDO LA IGLESIA ROMANA Y JAMAS FUE CATOLICO. EL MOVIMIENTO DE CRISTO ES OTRA COSA MUY DIFERENTE Y OPUESTA A CUPULAS. JESUS DE NAZARET AL CONTRARIO SIEMPRE ESTUVO EN CONTRA DE IMPERIOS RELIGIOSOS DE MUERTE Y SU DOCTRINA BUSCO DESTRUIR EL SANGUINARIO IMPERIO ROMANO QUE HOY SE DIFRAZA DE CRISTIANISMO.
"Los envio como ovejas en medio de lobos. Alejense del imperio religioso y de Roma asesina y fraudulenta".
Por: Jorge Tejera. Fecha de publicación: 24/07/10
Aporrea de Venezuela
Y Jesucristo no fue católico. Nunca lo fue porque sencillamente cuando nació, ya existía la iglesia de Abraham, de Moisés, de Elías, dirigida por el tenebroso Sanedrín, allá en Judea. Luego de su muerte, Resurrección y partida, queda el mensaje de Jesús, sus parábolas, así como las instrucciones a los apóstoles. Los apóstoles, como todos los cristianos, son perseguidos, al igual que Jesús, por todo el imperio. Muchos son sacrificados en el Coliseo y otras plazas públicas. Así nace el cristianismo como movimiento religioso. Pero eso no es la iglesia católica, apostólica y romana de nuestros días. Nada que ver. La iglesia Católica, aun cuando viene del movimiento cristiano, se forma como tal, posteriormente y se legaliza cuatro siglos después de la Resurrección de Jesús, por allá en el año 312 D.C., cuando el Emperador romano Constantino el Grande, la incorpora al poder de Roma, dentro de un pacto político-militar con el Papa Melquíades. Es en ese momento cuando comienza a pervertirse la cúpula de la iglesia.
Los cristianos, perseguidos por el imperio romano, para ese momento sumaban cerca de cuatro millones. Aun cuando no estaban totalmente unidos, se habían organizado para defenderse, tenían una jerarquía eclesiástico-militar interna que los dirigía y controlaba, al frente de la cual estaba el papa Melquíades. Eran rebeldes enfrentados al imperio romano. A principios del siglo IV, el imperio romano estaba gobernado por una tetrarquía: dos augustos (Diocleciano y Maximiano) y dos césares (Constancio Cloro y Galerio) compartían el poder. Se abre una lucha militar entre los cuatro, por el control absoluto del vasto imperio. Constancio Cloro (Constantino), en su lucha por el poder absoluto, pacta con el Papa Melquíades y la mayoría de los jerarcas del cristianismo. Eran cuatro millones de cristianos dentro del imperio, preparados para la lucha; antes perseguidos, ahora incorporados al ejército de Constantino. Esto le permite, después de unas cuantas batallas y confabulaciones políticas, lograr el poder total hasta convertirse en Emperador absoluto Constantino I el Grande, de todo el imperio romano.
En el año 313, Constantino proclamó el Edicto de Milán, con el cual garantiza la paz y libertad a la Iglesia cristiana. Constantino regala al Papa Melquíades, el palacio imperial Lateranense. A partir de ese momento, ese palacio pasó a ser la residencia oficial de los papas. Constantino otorga a la cúpula de la iglesia, poder, posición social y económica, privilegios e importantes donaciones. Después de ser perseguidos y “patas en el suelo” pasan a disfrutar de los poderes imperiales. En el año 314, inmediatamente después de su plena legalización, la Iglesia cristiana inicia la persecución de los paganos. Comenzó la venganza. Entre 316 y 326 se proclama una serie de disposiciones que favorecen al cristianismo frente a la religión pagana. Se otorga jurisdicción a los obispos, que se transforma en apropiación violenta de los templos paganos y persecución y tortura de sus fieles. En Dydima, Asia Menor, el oráculo del dios Apolo es saqueado y sus sacerdotes paganos son torturados hasta su muerte. También son martirizados todos los paganos del monte Athos y destruidos todos los templos paganos de ese lugar. Entre el año 315 y el siglo VI, miles de creyentes paganos fueron asesinados.
Los obispos habían adquirido rangos imperiales, militares y civiles, así como poder económico, a cambio de su permanente manipulación religiosa para controlar al pueblo y mantenerlo idiotizado. Por eso, Marx decía que la religión, en tanto que nos ofrece el reino de los cielos a cambio de los sacrificios terrenales, es el opio de los pueblos. Ésa es la manipulación que nos ha aplicado la cúpula de la iglesia, para controlar a los pueblos y ponerlos al servicio de los poderes imperiales de turno a todo lo largo de la historia de la humanidad, sin derecho a protesta y con la promesa de una recompensa celestial. Bajo esa lógica no hay lucha. A partir del año 314 D.C., hasta nuestros días, la jerarquía de la Iglesia Católica ha estado al lado del Poder político, económico y militar. Apoya, disfruta y defiende este poder. En América estuvo al lado del imperio español desde 1492 hasta 1830, pasándose a partir de esa fecha al lado de la oligarquía criolla después de la Revolución de Independencia y allí se ha mantenido hasta nuestros días siempre alineada con las oligarquías de turno. En Europa estuvo al lado de Hitler y de Franco. En el próximo artículo hablaremos de la “Santa Inquisición”.
Hoy día vemos esta cúpula católica al lado del imperio norteamericano, apoyando con su silencio cómplice, todas las invasiones, atrocidades, genocidios y demás crímenes cometidos. Hace poco tiempo vimos esta cúpula eclesiástica liderada por el Cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, ponerse al lado del golpista Roberto Micheletti, en Honduras. En 2001, el entonces presidente de Honduras, Carlos Flores había asignado al cardenal Rodríguez Maradiaga un sueldo de 100.000 lempiras mensuales (5.300 dólares) del presupuesto de la Presidencia de la República, para sus gastos personales. Este dinero llegó puntualmente desde diciembre de 2001. Quizás el hecho de que el Cardenal dejó recibir esa fortuna mensual, pueda explicar, entre otras razones, su complicidad con el golpe de Estado contra Manuel Zelaya. La jerarquía católica hondureña impugnó públicamente la consulta popular que iba a realizar el presidente Zelaya y llamó a levantarse contra el gobierno democrático y sus políticas, por considerarlas un giro a la izquierda, de “sesgo chavista”. Pero la mayor simpatía hacia el golpe de estado es aún más visible en el último comunicado de la conferencia episcopal hondureña, gracias a la prédica del antes mencionado Cardenal. La destitución de Zelaya, dijo, “servirá para edificar y emprender un nuevo camino, una nueva Honduras (…) es un nuevo punto de partida para el diálogo, el consenso y la reconciliación”, de acuerdo con el comunicado leído por su eminencia el Cardenal y publicado por el diario El País, 4 de julio.
Bueno, con este muy sucinto record histórico, podemos empezar a formarnos un perfil de esta organización político-económica, oligárquica y traidora de la doctrina de Jesús, mejor conocida como Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Menos mal que muchos curitas de barrio y monjas han dejado de seguir los lineamientos de esta cúpula podrida, pederasta, cobijadora de violadores como Dixon Moreno. Por eso, no nos debe extrañar cuando hoy estamos viendo a esta cúpula, una vez más, comprometida con el magnicidio, con golpistas, con el terrorismo y la desestabilización, en contra del actual gobierno del Comandante Chávez. Una cúpula comprometida con los lineamientos del imperio norteamericano. Esa ha sido la postura que han asumido desde que los legalizó Constantino. Y así se han mantenido a través del tiempo. Esto “ha funcionado perfectamente a los intereses del Imperio Vaticano”, durante mil seiscientos noventa y ocho años (1.698). No sabemos hasta cuándo. Existe una gran diferencia entre el Cristianismo de los primeros 300 años y la iglesia católica luego de su llegada al poder imperial.
Ésta no fue la iglesia de Jesús, aquélla que seguramente Él soñó y quiso dejarnos. Por eso creo firmemente que esta cúpula eclesiástica lo traicionó. En nada se parece el estilo de vida de un Cardenal del siglo XXI, al estilo de vida de cualquiera de los apóstoles de Jesús. No podemos arrodillarnos ante esta jerarquía eclesiástica traidora. Si Jesús de Nazaret volviera, jamás se haría católico. Lucharía contra esa cúpulas, al igual que se enfrentó al Sanedrín de Roma asesina y podrida de siempre. Los sacaría del templo a fuetazo limpio.
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